EN PRIMERA PERSONA/DANIELA PLATA F.
Edith tenía 21 años cuando acudió a una cita de trabajo. Tres días después, su cuerpo fue encontrado en el mismo edificio donde fue citada.
Su familia, al no tener señales de ella, levantó de inmediato la denuncia por desaparición. Pidieron a las autoridades que investigaran, pero el caso no tuvo la respuesta inmediata que necesitaban. Tres días después llegó la peor noticia. Y uno no puede evitar preguntarse: si la respuesta hubiera sido oportuna, ¿otra historia se estaría contando?
En México, alrededor de 15 niñas, adolescentes y mujeres desaparecen diariamente. La cifra es alarmante: en su mayoría son jóvenes de entre 15 y 19 años, captadas principalmente a través de falsas ofertas de trabajo.
El patrón se repite: primero desaparecen, luego son encontradas sin vida. Detrás hay falsas ofertas de empleo, violencia de género, trata de personas e impunidad. Y en casos como el de Edith, también hay falta de respuesta institucional inmediata. Que funcionarios hayan sido suspendidos por sus omisiones en el protocolo de actuación es un paso, pero no es suficiente: la sanción no devuelve a Edith ni repara el daño a su familia.
El fondo del problema no cambia: mientras no existan oportunidades económicas igualitarias para las mujeres, la cifra seguirá creciendo. La precariedad económica las vuelve vulnerables, las empuja a aceptar ofertas sin garantías, sin referencias, sin seguridad. En 2025 se registraron 706 feminicidios en México, un promedio de dos muertes de mujeres al día.
Hay que preguntarse quién regula que las ofertas de trabajo provengan de lugares legales y serios. Quién protege a las mujeres, a las madres solteras, a las adolescentes y niñas, para que buscar el sustento del día no las convierta en una estadística. El Estado tiene la obligación de proteger y regular a las empresas y a cualquier persona que ofrezca vacantes de empleo, para que la seguridad de las mujeres sea un hecho y no quede en el discurso. Tiene también la obligación de actuar con seriedad y a la brevedad ante situaciones como esta, porque el caso de Edith pudo haber terminado de otra manera si se le hubiera dado la respuesta inmediata que ameritaba.
La ley de feminicidio existe. Pero de poco sirve si las autoridades aún no saben manejar estos casos con perspectiva de
género ni con la inmediatez que exigen cuándo la vida de una mujer está en juego.
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Ig @danielaenprimerapersona


