HORA DE CIERRE/PEDRO ALFONSO GARCÍA RODRÍGUEZ
El intento obradorista de tomar por asalto el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y el control político de Morena lo pagaron caro, mientras aumenta la presión estadounidense para que rindan cuentas ante la justicia.
El llamado del gobierno estadounidense al gobernador de Sinaloa y a un senador fue la muestra más clara de que las cosas van en serio y de que al menos deberán gestionar su situación legal con el poder.
Con la cúpula heredada a la presidenta Claudia Sheinbaum ahora en desgracia, se le permite tomar el control del partido, además de tener la capacidad de “palomear” las candidaturas de la próxima elección con perfiles ajenos a todo el entramado legal que enfrentan.
En su toma de protesta de ayer como presidenta de Morena, Ariadna Montiel afirmó que el perfil de los candidatos del partido para las elecciones de 2027 debe ser impecable.
Y pareciera que da por concluida la injerencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador y de su círculo rojo en los asuntos de su gobierno y en los de su partido.
Pero no es tan fácil.
La realidad política a nivel nacional no es la misma que la prevaleciente en la CDMX, y los errores de cálculo podrían terminar con resultados catastróficos que entreguen el poder territorial a la oposición o a estructuras del pasado bautizadas con la “pureza morenista”.
AMLO comprendía bien la realidad en cada rincón del país por sus constantes y extensos recorridos por el territorio, que le permitieron conocer al menos a los principales personajes y seleccionar a quién no y a quién sí.
Y aun así, con el inicio de la cacería estadounidense quedaron en evidencia los errores cometidos por el tabasqueño, sumados a los excesos de sus allegados y sus cuestionables vínculos con actividades ilícitas…
Los pactos hechos desde 2018 podrían llegar a su punto final si Estados Unidos amplía la lista de morenistas indeseables o solicitados ante las cortes.
Los morenistas o aliados perderían liderazgos y patrocinios ante la desgracia que comienzan a padecer por los constantes golpes a sus actividades ilícitas, además de los procesos legales que enfrentan.
Y terminarían por dejar gran parte del territorio y la operación política a otros actores.
En el caso de Tamaulipas, por ejemplo, el control de municipios como Matamoros, la zona sur del estado y Victoria corren el riesgo de ser arrebatados si el PAN logra la unidad o si los morenistas priistas cambian de color a uno más verde.
O en Reynosa, donde dejan libre el camino a la familia Ortiz Peña, además de su alianza con el senador José Ramón Gómez Leal.
En Nuevo Laredo, el control se concentra en las manos de la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas, pero la imposibilidad de una reelección y su posible participación en la contienda por la gubernatura ponen en riesgo el control del municipio, que en el pasado reciente tuvo elecciones competitivas con resultados cerrados.
Gran parte de la fuerza que se consolide, que impere o se desmorone depende del futuro inmediato que les depare ante los constantes carpetazos a diestra y siniestra.
Por ejemplo, la garantía de mantener el poder en Matamoros y la zona sur pareciera ser una de las razones posibles que mantengan a Héctor Villegas en su puesto pese a los constantes tropiezos.
Mientras los aliados hasta el momento “incondicionales” del Partido Verde cambien de opinión y, de la mano de operadores con colmillo extenso provenientes del priismo, decidan contender por cuenta propia.
Con los mismos vicios y manías del mapachismo político que tan bien aprendieron con el tricolor, y que desde Morena han copiado en papel carbón.
Si la métrica desde Palacio Nacional va más allá de cruzar variables y cuentan con el conocimiento de territorio suficiente, podrían cribar a personajes deleznables o relacionados con grupos políticos indeseables.
Pero elegir a personajes intachables sin la fuerza suficiente para ganar una elección sería lo mismo que dar un salto al vacío.
Y esa es tal vez la principal disyuntiva para un gobierno que enfrentó un intento de secuestro de sus instituciones, además de pagar las consecuencias de actos ahora señalados por las autoridades estadounidenses.
Una relación entre el desprecio y la necesidad que los hace, tal como el disco de Joaquín Sabina y Fito Páez, “enemigos íntimos”.
En una circunstancia en la que, literalmente, les “llueve sobre mojado”.
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